El horno de yeso de Cal Garrell, una joya escondida en el bosque de Cabrianes

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El horno de yeso de Cal Garrell, una joya escondida en el bosque de Cabrianes

El otro día, pasando con el camión por la zona de Cabrianes y Sallent, nos llamó la atención un antiguo horno de yeso escondido en medio del bosque. Se trata del horno de yeso de Cal Garrell o de La Carrera, una construcción singular que conserva todavía hoy la huella de un antiguo oficio vinculado al territorio y a su geología.

Un horno en un entorno muy particular

El horno se encuentra en la vertiente sur de la sierra de Montcogul, al pie del camino del mas La Carrera hacia el santuario de Fucimanya, cerca de Cabrianes. El lugar no es casual: en este mismo entorno afloran los yesos que antiguamente fueron explotados, mezclados con areniscas y arcillas de tonalidad clara. Todo ello forma parte de un paisaje geológico muy característico del Bages.

Si se observa la zona desde Artés o desde Cabrianes, se puede leer muy bien la secuencia de materiales: abajo, las lutitas rojas de la formación Artés; en medio, las capas claras con yesos de La Carrera; y por encima, las calizas lacustres del Pla de Roques Albes. Es un ejemplo muy claro de cómo la geología marca el paisaje.

Una construcción de piedra seca

El horno de yeso de La Carrera es una construcción de piedra seca, parcialmente integrada en un margen del terreno. Esta disposición no solo le ayudaba a encajar mejor con el entorno, sino que también podía contribuir a mantener el calor durante la cocción. Además, el conjunto tiene adosada una barraca, lo que le aporta todavía más interés patrimonial.

La parte exterior del horno está construida principalmente con piedra arenisca, mientras que en la zona de la barraca y cerca de la entrada también aparecen algunas piedras de yeso. El horno tiene forma cónica, con una entrada ancha y larga en la base, otra abertura más estrecha y lateral en la parte superior, y un pequeño agujero en la parte más alta que hacía de chimenea.

Cómo funcionaba el horno

La función de un horno de yeso era transformar el yeso natural en yeso cocido. El yeso natural contiene agua en su estructura y, al calentarlo, pierde parte de esta agua y cambia de forma. Después, una vez molido, se convertía en escayola o yeso en polvo, listo para ser utilizado en construcción o decoración.

El proceso debía comenzar con la construcción de una bóveda interior con grandes bloques de yeso, dejando debajo una cámara de aire donde se colocaba la leña. El resto de la carga de yeso se iba introduciendo por la abertura superior. El horno se mantenía encendido durante días y, una vez cocido el yeso, se dejaba enfriar antes de vaciarlo y retirar la ceniza.

Un oficio ligado al territorio

Este tipo de hornos forma parte de una actividad tradicional que aprovechaba los recursos del propio entorno. El yeso se extraía de canteras cercanas, se transportaba hasta el horno y allí se quemaba con haces de leña. Era un trabajo duro, lento y muy vinculado al conocimiento del terreno y del fuego.

Según algunas referencias, el horno de Cal Garrell formaba parte de una pequeña red de explotación de yeso que funcionó durante el siglo XIX hasta principios de la década de 1890. Con la llegada de las minas y de la fábrica del Guix, cerca del Llobregat y de Sallent, estos hornos quedaron abandonados. Hoy, sin embargo, todavía nos permiten entender cómo se trabajaba antiguamente.

Un elemento restaurado y conservado

Una de las grandes noticias es que el horno ha sido restaurado y se conserva en buen estado. No es habitual encontrar este tipo de construcciones de piedra seca tan bien preservadas, y aún menos en un entorno boscoso donde hoy pasan fácilmente desapercibidas.

No se han conservado testimonios orales ni escritos de personas que hubieran trabajado allí o que lo hubieran visto en funcionamiento, pero su estructura permite reconstruir bastante bien cómo debía ser el proceso. Precisamente por eso, el horno tiene un gran valor: no solo como edificio antiguo, sino como pieza que ayuda a explicar una forma de vivir y de producir que ya ha desaparecido.

Una visita que vale la pena

El horno de yeso de Cal Garrell o de La Carrera es uno de esos descubrimientos que sorprenden. Está situado en un lugar discreto, pero explica muy bien la relación entre la geología, el trabajo humano y el paisaje del Bages. Es patrimonio, es historia y también una buena excusa para mirar el territorio con más atención.

Cuando un elemento así se conserva y se restaura, no solo se protege una construcción antigua: también se mantiene viva la memoria de un oficio y de un paisaje que forman parte de la identidad del lugar.

 

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